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Pero si ella/él no se ve enferma/o.  No puede tener un Trastorno de la Conducta Alimentaria.  ¡Claro que sí lo puede tener!

 

La verdad #1 de los Trastornos de la Conducta Alimentaria nos dice: “no puedes decir con solo mirar una persona si tiene un trastorno de la conducta alimentaria o no”  ”(https://www.aedweb.org/learn/publications/nine-truths).  

 

Este enunciado fundamental nos hace recordar que cualquier persona, sin importar su figura, forma o peso, puede tener un trastorno de la conducta alimentaria (TCA).  Antiguamente se creía que una persona debía estar muy delgada, lucir cadavérica, ojerosa y pálida para estar verdaderamente enferma.  Ahora sabemos que no podemos juzgar por la apariencia, si una persona tiene un TCA o si éste es grave. 

 

Los TCA son enfermedades serias que, de no ser tratadas, pueden conducir a años de malestar, infelicidad y debilidad; e incluso la muerte.  Y, en el lado positivo, quienes se enferman con un TCA pueden lograr una recuperación del 100% con un tratamiento especializado, basado en evidencia, de la mano de profesionales entrenados en el tema, en el caso que tengan acceso a tratamiento.

 

Los profesionales de la salud frecuentemente se apoyan en indicadores cuantitativos como el peso, el porcentaje de grasa o los laboratorio de sangre para generar alerta y sospechar que una persona pueda tener un TCA.  Sin embargo, estos indicadores no siempre revelan una deficiencia y esto lleva a que gran cantidad de casos pasen desapercibidos.  Incluso en ocasiones y después de tomar mucho valor, porque esta enfermedad se desarrolla en secreto, con culpa y estigma, algunas personas que han decidido buscar ayuda son recibidas por profesionales sin un adecuado entrenamiento, con la frase típica (y muy estigmatizada): “pero no parece que estés enferma o enfermo, no podés tener un TCA”.  Con esto, ¡se puede haber agotado la única oportunidad que tendría esta persona para recibir ayuda de calidad y con el potencial de salvar vidas!

 

Necesitamos derribar este estigma y entender que los TCA son enfermedades mentales serias y vienen en todas las figuras, tamaños, colores, condiciones socioeconómicas y credos.  Si bien un peso corporal o índice de masa corporal (IMC) bajos son parámetros generales para medir riesgo, excluyen a muchas personas y no son requeridos para cumplir con los criterios diagnósticos de un TCA.  Podemos utilizar estas sencillas preguntas que nos ofrece el cuestionario SCOFF (cuestionario especializado para determinar riesgo de TCA) para hacer un tamizaje en nuestros pacientes o en la población en general, y así poder detectar algunos casos que no necesariamente cumplan con el requisito de peso bajo:

 

  1. ¿Usted se provoca el vómito porque se siente muy llena o lleno? 

  1. ¿Le preocupa que haya perdido el control sobre la cantidad de comida que ingiere? 

  2. ¿Ha perdido recientemente más de 7 kg en un período de 3 meses?   

  3. ¿Cree que está gorda o gordo aunque los demás digan que está demasiado delgada o delgado? 

  4. ¿Usted diría que la comida domina su vida? 

Una respuesta afirmativa a 2 o más de estas preguntas, podrían indicar la presencia de algún TCA y la necesidad de referir a la persona a un profesional especialista en TCA.   

 

Así como un bajo peso no es la manera más fiable para detectar un TCA, tampoco lo es para definir que una persona se ha recuperado por completo.  La recuperación de un TCA no ocurre solamente cuando el peso o el porcentaje de grasa han retornado a un nivel normal y natural para la persona.  Desde una perspectiva nutricional, se requiere sanar la relación con la comida, legalizar los alimentos, estar conectada/o con las señales de hambre y saciedad, sentirse cómoda/o en una variedad de situaciones sociales, aprender a actuar con flexibilidad, variedad, entre otros indicadores.  A nivel psicológico, cuando una persona se ha recuperado de un TCA ha podido sanar la relación consigo misma y con otras personas, ha reconocido quien es y qué disfruta hacer, ha podido aprender una serie de herramientas que le permiten lidiar con situaciones estresantes o conflictos, de una manera más productiva, entre otros.  

 

Como profesionales de la salud debemos encontrar fuentes confiables para aprender de los TCA y entrenarnos para contar con las herramientas necesarias para tratar efectivamente estos trastornos.  Por otro lado, al ampliar nuestra visión de los TCA y derribar el estigma que hay una figura única que corresponde con un TCA, podremos ser capaces de detectar tempranamente muchos más casos y de propiciar un tratamiento temprano y una recuperación total de los pacientes.  

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